Un bosque en bandeja

Luis Vallejo es feliz mientras explica detalles de los bonsáis expuestos en el Museo del Bonsái de Alcobendas. Arces, pinos, juníperos, olivos, encinas… Se sabe la historia de cada uno de los 150 árboles que se exhiben, su procedencia, los cuidados que han recibido a lo largo de sus vidas. Es uno de los patriarcas del bonsái en España y ha creado “un museo de autor”, por la calidad y originalidad de las piezas y por su empeño en unir árboles autóctonos y obras maestras de autores japoneses reconocidos entre los mejores cultivadores, figuras míticas en el mundo del bonsái. “Nuestra colección es única, probablemente la de mayor calidad de Europa, y quizá de todo el mundo occidental”, afirma ante un junípero diseñado por Masahiko Kimura, reputado maestro del siglo XX.

Vallejo es paisajista (su empresa se llama Arceval, la suma de su árbol preferido, el arce, y la primera sílaba de su apellido) y desde muy joven se sintió atraído por la belleza de los árboles plantados en bandejas, que es lo que significa la palabra “bonsái”. “Gracias al diseño de jardines puedo comprar árboles que cuestan lo que un coche de lujo”, dice, y se detiene ante un venerable acebuche balear. Cuando lo recibió era un diamante sin pulir. Un paciente y pausado trabajo de modelado, siguiendo unos cánones de belleza y proporción dictados por tradiciones japonesas y el paso del tiempo, hacen que un vegetal se convierta en una obra de arte. “Se trata de seres vivos a los que debemos observar y hay que reflexionar antes de trabajarlos, aprovechando siempre la energía que emanan para dirigirla por donde nos conviene”.

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